lunes, 23 de enero de 2017

SÉ UN HOMBRE


".....los motores de las hélices, que, hasta entonces venían sonando armonizados junto al viento que ellos mismos levantaban en sus rotaciones, se pusieron a chillar con risas de hiena y el avión comenzó a cimbrearse. Uno de los muchachos afirmó, en voz alta, ver relucir relámpagos en el horizonte. "¿Es hacia allá a dónde vamos?" preguntó otro que se sentaba a mi lado, pegado a mí, a quién quiera que supiese la respuesta.

En esos momentos la cabina estaba en penumbra y… aunque nuestros cuerpos llegaban a rozar unos con otros… apenas si éramos capaces de reconocernos los rostros.

Una lucecita naranja irrumpió unos pasos más allá de mi lugar en la banca, destacándose sobre el fondo gris. El alférez retiró el cigarro de su boca y el pequeño punto de luz se diluyó de nuevo en las tinieblas.

"¡Cállense!" bramó entonces, su voz, por toda respuesta.

Estiré el tronco hacia delante y ladeé mi cabeza todo lo que pude hasta conseguir que una parte del hueco de la puerta quedara dentro de mi campo de visión. Mientras me afanaba en discernir… en la oscuridad… la luz de los rayos, intuí en el aire la inminente aparición de la lluvia. Esta comenzó de repente.

Una brusca sacudida en el fuselaje y una ráfaga de viento líquido se nos vino encima. Empecé a tiritar y rezar. Sonaron voces de alarma. Otro zarandeo. Otro. Murmullos. Algún grito. Se adueñó del avión el sonido del miedo.

"¡Tranquilos. Tranquilos, soldados. Dentro de un cuarto de hora habrá amanecido y les quiero bien vivos para entonces!" intentó tranquilizarnos el joven oficial.

Cuando el otro chico que estaba junto a mí me tocó la mano, no permití que me la agarrara. Sentí una ligera repulsión al percibir la humedad de sus dedos sobre mi piel.

"¡Sé un hombre…!" recuerdo haberle recriminado al pobre muchacho. 


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