lunes, 31 de marzo de 2014

COGITUS INTERRUPTUS. Parte I. De condones y hombres.


Post de largo recorrido en cuyo transcurso se irá hablando, en este y sucesivos días, de ciertos blogs literarios con la lengua depilada; del abandono consciente de las lecturas perniciosas, superflúas y ridículas por parte de quienes han dado en padecerlas; de la crítica audaz en aquellas escrituras que se tienen por mendaces y embobatontos; e, incluso, de la venganza, mediante la palabra obsequiosa y los cándidos consejos, de los merecimientos avisados. Espero, y confío, que los diferentes desbarres mentales que paulatinamente van a ir apareciendo ante sus ojos, les resulten, a todos ustedes, sabios y ponderados. De otra manera, no podría ser. 


1ª Parte. De sendos blogs de crítica literaria de los que me considero cliente asiduo.


Los blogs de crítica literaria están de moda. Hay muchos. Por estos dos, que ahora paso a citar, acostumbro a presentarme diariamente a echar un vistazo y, si se tercia, incluso hacerme un hueco en "la partida". Son, justo, los que ahora mismo se están imaginando. "La Medicina de Tongoy" un clásico donde los haya, al que ya se le ha dedicado, aquí, un post ex profeso. Y "Condón Umbilical" que trata de abrirse paso a palabradas, como puede... -igual que les ocurre a estos poderosos "ARQUETIPO'S" ¡faltaría más!- en el proceloso universo -pura prosopopeya, en realidad se trata de un universo bastante modesto que más va a poder equipararse con el plano de Villalpando que con el mapa cósmico de la serie televisiva de mister Sagan- de los blogs literarios rebosantes de sapiencia y clase ¡ahí es nada!.

Amén de por estar bastante bien escritos -para mí, la verdadera clave por la que me detengo a leer sus entradas una y otra vez sin temor alguno al gatillazo cerebral- estos dos blogs... que acostumbro a seguir... se caracterizan porque sus responsables no se cortan ni con un hacha a la hora de hacer una crítica negativa cuando eso les parece bien. Lo petan, los tíos. O, por lo menos, digamos que... se dejan llevar por su único criterio sin incurrir en medias tintas.

Centrado en las "novedades" de procedencia predominantemente local, el más veterano de ambos. Y con una mayor vocación de universalidad, el de Condón, al que mismamente parece refanfinflársela, afirmar, por ejemplo, que Henry James o Doris Lessing son dos auténticos coñazos. He aquí el punto de referencia de este segundo blog. Su reflexivo nihilismo. Esa carencia absoluta de "temor reverencial", por parte de su autor, a los lugares comunes, a los tópicos, y ante todo, y sobre todo, a los dictámenes del establishment. El establishment cultural. El más sectario de todos. Más sectario, incluso, de lo que pueda llegarlo a ser la pandillla de las más pijas entre las pandillas de pijas, y, si de estas últimas nos cabría decir: "y, encima, no están tan buenas", de aquellos otros valdrá que mantengamos: "y, encima, no son tan listos". Gracias a esta sana ausencia de prejuicios mentales, se permite, el amigo Condón, darle tijeretazo a la lectura de cualquier libro, en cualquier momento, si le parece que las manadas de letras, presentes antes sus ojos, no galopan como deberían -el "flow", el "flow"- por las fértiles praderas de su cerebro.

Entonces, Condón se deja a medio leer los libros que le parecen malos -podría poner que "no le gustan", pero hacerlo me parece una gilipollez: las cosas no nos gustan cuando nos parecen malas- y, no obstante, no tiene el menor empacho a la hora de afrontar su crítica. ¡Bien por el chavea!. A Tongoy... que por lo general sí que se los termina, o, al menos, eso viene a deducirse de sus reseñas... últimamente lo va venciendo el tedio, o la hombría, o lo que demonios sea, y la criatura comienza ya también ¡falta le hacía al hombre! a dejarse por la mitad los libros coñazos, atreviéndose lo mismo ¡que ya tocaba aunque sólo sea por empíricas razones de experiencia laboral! a enjaretar unas oportunas crónicas, la mar de interesantes, de novelas "churro" inacabadas. Bien, también, por Tongoy ¡que cojones!.


sábado, 29 de marzo de 2014

INTELIGENCIA EMOCIONAL


Hoy más que nunca, en la era digital, y la correspondiente multiplicación y difusión de los mensajes casi hasta el infinito, la clave del éxito profesional y el reconocimiento social, no radica en decir la verdad, sino, muy al contrario, en conseguir que los demás se sientan satisfechos y complacidos mientras los estás engañando.

Y a este respecto, si lo que realmente quieres es ¡petarlo!, habrá de darte igual la magnitud de la mentira, y deberás centrarte, únicamente, en el grado de complacencia que vayan a poder obtener los burlados. Máxime cuando, por lo común, el asunto funciona así: a mayor cantidad de estiércol, más le suele dar por retozar al gorrino.

lunes, 24 de marzo de 2014

EL NEGRO DE UNA RUBIA


Para mi admirado Jaime Bayly

¡Cómo me gusta escribir! Y que me lean. Pero me gusta todavía más: escuchar música, tomarme una pinta de cerveza lager, pasear por Le Quai D’Orsay con la caída de la tarde y perderme por las laberínticas calles de Venecia, la semana del Carnaval, vestido como Robert Palmer y en modo alguno como Polichinela. Me gusta más la feria de Málaga que una charla sobre Kafka en el Ateneo. E ir de cañas por Triana más que un simposio multicultural sobre Cervantes. Prefiero las ruedas de modelos… de los desfiles de Women’s Secret… a las ruedas de prensa. Que me presenten gente interesante, a las presentaciones de libros. Y los chistes de Jaume Perich a los ensayos de Harold Bloom. No me imagino en una entrevista, respondiendo con agilidad y sentido a preguntas insustanciales. Ni siquiera me imagino contestar con respuestas insustanciales a preguntas inteligentes. La gloria me importa una mierda. La posteridad, dos (una detrás de otra). Pero -lo confieso- sí que podría apetecerme disponer en el banco de los suficientes fondos pecuniarios para decirles a mis compañeros de curro: “¡ahí os quedáis, tocinetas!”. Y largarme mismamente, al carnaval de Río, con mi amigo Josecho, tres veces divorciado, o a recorrerme en coche, Virginia y Massachusets, junto a una rubia de infarto dispuesta a decir que sí a todos mis comentarios. O incluso instalarme, de manera definitiva, por siempre jamás, en la Baja Normandía y poder oír, desde allí, las crueles noticias de L’Espagne -su odio, su frustración y su violencia- como el que oye llover a buen recaudo.

No soporto, en cambio, a los farsantes, los hipócritas, los cínicos y los metepatas. No me imagino yo haciéndole declaraciones -ningún tipo de declaraciones- al calvo con perilla del suplemento literario de un periódico. Ni presentando un nuevo libro en Cuenca. Ni, mucho menos, firmando ejemplares, bolígrafo en ristre, como un soplapollas, en medio de El Retiro o junto a la fuente de Canaletas. Si me dicen: “Sevilla”, a lo mejor me lo pienso. Y mi foto, de frente o de perfil, en las contraportadas de las novelas, incluso aunque se esmerasen por sacarme con cara de guapo, que duda cabe que las haría desmerecer frente a sus textos.

Sé que a todos los escritores les jode hacer de “negro”. En cambio, a mí, me encantaría ser el negro de una rubia. La eligiría yo. “Ciento Diez - Setenta - Cien”. Bien, bien… maciza. Ya se lo imaginan, los años. Una rubia a la que le convendría tener un notorio parecido con “La Flaca”, un mito de mi adolescencia, la venezolana aquella que, en su día, fue asistente personal de Julio Iglesias, o con Catherine Fullop otra venezolana -¡joder con las venezolanas!- que hacia de protagonista en las telenovelas. Aunque Kate Winslet o Amy Adams, también podrían valerme en caso de apuro.

Y sería mi rubia divina, sublime, la que acudiría a las entrevistas. Mi rubia divina, que, obnubilada por mi talento y mi saber estar, se sabría de memoria, de pé a pá, todas y cada una de mis novelas. Mi rubiaca de los mil demonios que, sorprendida por mis posibilidades sensuales, subyugada con mis habilidades sentimentales y enaltecida con mis capacidades intelectuales se volcaría, como un zombie, en la total asimilación de mi psique (y sus neuras) de manera que pudiese llegar a sentirlas como propias y así patentizar, ante terceros, toda mi gama subnormalidades. Sí, ya sé, ya sé, aparentemente, en una primera instancia, quizás no fuese creíble, que, con ese cuerpo y esa cara, le cupiese ser destinataria de todo ese assorted blend de calabazas que suelen atizarles, casi siempre, a los protagonistas de mis libros. Pero… ¿no se han parado ustedes a pensar que, precisamente, podría ser ella la dispensadora?

Y sé, adivino, vislumbro, que a la pobre, toda una serie de periodistas aguantadas, menudas y cetrinas, toda una serie de periodistas resentidos, pomposos y tripones, y toda una serie de escritores salidorros a los que no les habrá permitido tomarse la menor libertad con ella ni les habrá reído las gracias, ni siquiera en los cocktails, terminarán por definirla como producto pretencioso y prefabricado o, cuando no… dudando incluso de la autoría de sus textos, la mediocridad es aún más atrevida que la ignorancia… calificarla de “copiona”. Pero ella, con su dulce boca de fresa, estará por encima del bien y del mal y anunciará a los medios, cuando se harte, que se va a vivir a un pueblo perdido de la Baja Normandía, cuyo nombre prefiere omitir, a reencontrarse con la inspiración y la paz.

Cuestión distinta tendrá que ser con los señores editores, para los que mi china preciosa sabrá guardar su mejor sonrisa, yo así se lo recomendaré, y con los que tampoco tendrá por qué hacer alarde de celo excesivo, cuando, los pobres, se pongan morrongos y se los dispare la testosterona en las distancias cortas. ¡En según en que lides, en el fondo, son inofensivos!

Los beneficios se repartirían al cincuenta por ciento -lecho por medio- o un ochenta/veinte -a favor mío- en tanto mi musa fuese capaz de resistirse a mis encantos y porfiara por mantenerse casta. Al final, concluirá sucumbiendo como… todas, ejeeem, y ese “fifty fifty”, perfecto… inmaculado, tutelará nuestro contubernio literario.

Y cuando mis amigotes cibernéticos: Lansky, Vanbrugh, A. Castro, Morand, el Diable, Barbusse, Zamora, Condón… les digan, a sus respectivas, que esa tarde han quedado a tomar café con Julian Bluff…

… allí me hallaré, yo, sentado en medio de la cafetería… aguardándolos… con la mejor de mis sonrisas. Mientras mi afortunada ama sumisa, ultima con el señor Lara, en un comedor privado de Vía Veneto o de Hoffman, la concesión… a su nuevo artefacto narrativo… del próximo “Planeta”.


viernes, 21 de marzo de 2014

LA NOCHE ROTA DE JOSEP MORAND



No suelen gustarme los libros de los escritores españoles. Me parecen bastante malos por lo general. Lo siento.

Algunos sí que me han gustado. De muerto. A Baroja lo adoro.

Luego me he ido leyendo otros de gente que estaba viva y ya se ha muerto: Umbral, Terenci, Delibes, Vázquez Montalbán, Romeo… y aún de otros que todavía están, hoy, vivos y bien vivos: Mañas, Llop, Villena, Vincent, Goytisolo, Wiesenthal, Vázquez-Figueroa… que tampoco estaban nada mal. Y ya. Entre los de nuevo cuño no he dado ni con uno solo que me convenza.

Y aparece de repente ahora, en mi vida, este título “Devuélveme Mi Noche Rota”, de Josep Morand. Un título que me recuerda a los de Javier Marías, ampuloso, fatuo, falso… -¿las noches se rompen? ¿…seguro?- -¿para qué cojones quiere alguien que le devuelvan una noche que se le ha roto?- Un titulo que, de tan rebuscado, tan fino, puede llegar a resultar basto. Por lo menos, a mí me lo parece. Y eso es asunto mío. Por lo menos en este blog.

Me entero, luego, leyendo el libro de que la frase de marras proviene de cierta estrofa de una canción de Leonard Cohen y pienso… “acabáramos”.

Nunca he estado en Carcaixent (aunque conozca el refrán) ni en Tavernes ni en Xátiva ni en Andraitx ni en Morella ni, mucho menos, en la montaña de San Blas, ya mítica en mi imaginario lector, o, en la, por lo menos igual de mítica, bahía de San Francisco, y, sin embargo, parece como si hubiese visto todos esos sitios y sintiese, por todos ellos, una ternura muy íntima que me obliga a rememorarlos. Pero… a lo mejor, estoy equivocado -leer, a veces, puede hacerte conseguir que desbarres- y sí que he llegado a conocer al sordo, al gordo, al fill del metge, al alemán baboso y al burgalés amante de los pájaros, de primera mano, en carne y hueso. E igual he amado a la chica dulce de Alzira. Y, lo mismo, la cabrona de la mallorquina ha conseguido que yo, yo también, me revuelque unas cuantas vueltas sarnosas entre la baba de mis complejos. Unos son culones y otros carecemos de culo.

¿Qué más se le puede pedir a un libro -un libro autobiográfico, además- que permitirle al lector pasar a formar parte de sus páginas? Y Morand consigue con sus historias, con su cerebro, con su nausea contenida y su incontenible ternura… con su amarga lucidez… meterte a fondo, hasta la médula, dentro de su novela. Igual da que la música que a él le gusta y a la que dedica su libro -aunque a lo mejor esto sea una mera excusa para no reconocer que se lo dedica a la vida- a ti pueda no decirte absolutamente nada. Igual da que no vayas a oírles cantar nunca (aunque deberías) a todos esos hombres y mujeres de los que él habla en el libro. Ellos son la excusa que Josep utiliza para lamentarse de su suerte, para clamar entre la muchedumbre la dulzura de la soledad y la afabilidad del desfase. Llega a mantener Josep, el gran acólito, el friki que buscaba vinilos de grupos raros en las cajoneras de saldos de las grandes superficies, que no cree en el poder redentor de la música. Y yo no le creo a él. Empate.    

“Devuélveme Mi Noche Rota” -venga, guardia abajo, en el fondo el título tampoco es que esté tan mal- es lo mejor que he leído de un autor español en los últimos años. Un escritor, Josep Morand, que sumar, desde ya, a mi lista de favoritos junto a todos esos, que he referido, al inicio de la reseña.

¡Un pedazo de cabrón, Morand! Que ha conseguido con sus neuras, con sus desplantes, con su sinceridad… hacerme caer hasta lo más hondo de mi pasado, hacer que reviva historias de complejos, vergonzantes, que creía haber dejado abandonadas, ya, en los arcanos del tiempo. Algo que solo puede conseguir alguien que maneja.

Y él lo hace, vaya si lo hace. Lo hace aunque tenga a un crío moqueando entre sus brazos, aunque sea capaz de terminarse entero… de un tirón… un disco de John Cale, aunque el farsante de Nick Cave venga a antojársele el súmmum de la introspección y la melancolía y aunque padezca una hernia discal por haber hecho el lila, de torete, machacándose la tripa a abdominales. Morand, maneja. Le queda tan solo, para que su libro constituya un éxito completo saldar esa deuda que tiene contraída con su mujer y regalarle todas esas toneladas de rosas que le debe… y aun no le ha dado… por haberle permitido conseguir llegar a ser un hombre asumiblemente feliz.

martes, 18 de marzo de 2014

SABIDURIA


Me jode la gente que dice que sabe mucho de algo y no sabe nada. Te animas a ponerte a hablar con ellos, incitado por su confidencia, y ves que no saben nada. Genta madura, de cuarenta, de cincuenta años... que se cree que sabe y no sabe nada de nada. ¡Es la repera!. Te quedas callado, pensando: "como se atreve" y él sigue ahí: enfático, satisfecho, jactancioso... dale que te dale con sus peroratas, soltando obviedades a troche y moche, inexactitudes, ideas de bombero... mientras tú pones cara de póker y resistes, como puedes, las ganas -llámalo: cortesía, simpatía, empatía o como demonios te parezca mejor- de salir echando leches de allí hacia el lado opuesto del mundo.

Vale, tío, te dejo que me digas lo mucho que sabes, que me sueltes el mismo rollo patatero que ya me has soltado el otro día, que ni una puta vez te rías de ti mismo ni consigas hacerme reír a mí, pero, tú, déjame a mí que me largue. Es un trato. ¿Que no lo entiendes...? ¿Que piensas que te tengo que hacer caso porque eres "experto en la materia"? Pero hombre... ¿no te da corte ser tan gilipollas?.

Saber son: nombres, nombres, nombres... anécdotas, datos precisos, palabras extranjeras, frivolidades, comparaciones inverosímiles, conexiones inopinadas, fórmulas, teoremas, hasta... si me apuran... proverbios. Saber no es reaccionar procedentemente cuando te pinchas con un cactus en un dedo, porque hasta un chimpance puede llegar a hacerlo mejor que tú, y los chimpances no saben. Ni hablar de oidas de la "prima de riesgo" lo que siempre entraña un riesgo. Ni pensar que la historia de Roma la ha escrito Colleen McCullough, a la que probablemente algún emperador de la casa Julia hubiera confinado al destierro, justo fuera de Roma, por atorrante.

Saber son: nombres, nombres, nombres... anécdotas, datos precisos, palabras extranjeras, frivolidades, comparaciones inverosímiles, conexiones inopinadas, fórmulas, teoremas, hasta... si me apuran... proverbios, que son los que van a permitirte conseguir: que un amigo al que le acaban de echar del trabajo no se sienta tan jodido porque se halla contigo, que tu amante sepa que lo dejáis porque tú no eres capaz de estar a su altura, que tus hijos se den cuenta al llegar a cierta edad que ya no te corresponde pedirles explicaciones, y adquirir la consciencia de que eso de lo que mantienes saber tanto, y que para ti debería ser tan importante, a la mayoría de la gente le importa un carajo. Máxime si nada de lo que les cuentas, en plan lección magistral, les va a poder resultar ni remotamente desconocido.

domingo, 16 de marzo de 2014

MENTE TUNEADA


¡Y...la tercera, en to' los güevos!

"Las cosas que s'hacen así, de improviso, salen mejor. Todavía m'acuerdo un año que todavía éramos unos canis y estábamos el Migue, Güili, Javi el metralla, y un servidor de ustedes papeándonos unos phoskitos justo el día de antes de nochebuena, en el parque, en el banco de enfrente "El Júpiter", cuando de repente al Javi se l'ocurrió decir qué por que no subíamos a la sierra, a Navacerrada. "¿Pero tú sabes ejquiar?" le dije yo, porque como me imaginaba que el Javi no tenía ni puta idea de ejquiar, lo que procedía era procurar ir centrando el tema. Y eso mimmito fue justo lo que me contestó el tío, lo que yo pensaba, que de ejquiar ni guarra. Pero nos explicó que como sus viejos se habían largao en tren a Socuéllamos a ver a su agüela que estaba en una residencia, pa felicitarle las Pascuas y demás, y llevarla un frasco de colonia, de esas de viejorra, que huelen a gato capao', él se podía chorar sin problemas las llaves del buga de su viejo y plantarnos loj cuatro en menos de una horita enmedio to´la nieve. Que en la tele venga a salir nieve y más nieve, por to los laos, pero lo que es en el barrio ni un puto copo. Le miramos raro. Y fue el menda, y en cuanto que empezó a agitar el manojo 'las llaves delante nuestro, como le hacían los médicos al Anibal Lecter en las películas pa' intentar que el peazo cabrón se amansase, nos convenció del tó.

O sea... pa la sierra que salimos zumbando loj cuatro, a toa leche y conduciendo por turnos. Ibamos como se dice vulgarmente, y discúlpenme por ponerme basto, saben que yo no suelo, a carajo sacao.

¿Y si los cabrones nos siguen, nos paran, y nos detienen por no llevar carné, y se quedan, los hijoputas, con el coche? fue y preguntó el Javi, pasao Villaba, mientras adelantábamos a toa leche a un citroen de los picos que iba pisando güevos. "Pos les decimos que'l coche es robao y santas pajcuas" le respondió el peazo mamón del Güili pa' acojonarlo. "Si. Cómo en el chiste ¡no te jode!". El metralla era el que más acojonao estaba de loj cuatro porque al fin y al cabo el megane era de su viejo. No nos pararon.

Unos kilómetros más adelante, subiendo el puerto, fuimos y empezamos a picarnos con un golf de unos pijos. Conducía masterman -o sea: mi menda- y, según les adelantabámos, el Migue se loj quedó mirando y al gilipollas del culo del conductor le hizo la mueca esa, de rebanar la yugular, que a la banda la acojona un puñao. Aceleraron, los cabrones, y se nos pusieron al la'o. Y uno medio rubiete, con raiban y un jersey mierdoso de color naranja, que parecía recién sacao de dentro'el Semana, una revista mu pija, y mu chunga, llena de cantantes y marquesas que a mi vieja le gusta más que a un tonto un cacho ' plastilina, fue... se asomó por la ventanilla de al la'o del conductor... justo antes de que su coche pegase un acelerón de la hostia, y empezó a poner to´tieso hacia arriba el dedo de enmedio mandándonos a tomar por el culo. Tal cual. Le aticé yo tammién un pisotón con to'a mi alma al pedal del acelerador y... na' ¡el golf de los pijos salió escopetao carretera arriba dejándonos nota a log cuatro!. "¡Tu viejo lo tiene al coche amariconao, metralleta!" le expuse con to'a claridad al metralla. Y añadí: "cojones, coño... ¡qué es un Megane y anda menos que un lapo sin ruedas!". "Maricón lo será tu padre". Este Javi a veces que hijoputa que es -pensé para mi- si el cabrón sabe que mi viejo está muerto pa' que coños lo meterá al pobre hombre en el fregao, pero como no quería líos le dijé yo mú respetuoso: "Javi, no te pases, que aquí no se ha metio nadie con tu viejo, lo único que he dicho es que al hombre no tiene que gustarle ir mú deprisa que digamos... Y, ya. No he dicho ya nada más". Los otros callaos. Y como la vida es una locura ¡anda qué no! enseguida nos pusimos el Javi y yo, tan amigos otra vez, a mirar a ver que había por ahí, por los cajones del salpicadero, pa ponnenos a ejcucharlo en la radio, pero como la música del padre del Javi era más mala que la peste mora: Alajka, el Phil Collins, Gloria Stefan... al final fuimos y pusimos una casette de chistes de Arévalo que estaban de cojones. A los cinco minutos hablábamos to's ya haciendo el gangoso y nos cagábamos de risa y de puta felicidad. ¡La hostia en verso, el Arévalo, lo gracioso que es el tío!.

Ya llegando a la bola 'el mundo, se le ocurrió decir al Míguel que como viéramos el puto golf de los tonti'lhaba los pijos, le ibamos a rajar un par de ruedas. "O laj cuatro", gritó el Guille que todavía es más bestia, pero yo les recomendé que pasantini, que ni hablar, que a la sierra habíamos ido pa' pasárnoslo d'abuten y aprender a ejquiar. Y de repente, a lo tonto, como el que no quiere la cosa, fue y se formó caravana y en el primer hueco que vi en la cuneta, al la'o de los pinos, fui y aparqué la puta mierda coche. Le salía medio culo pa´fuera y según nos apeábamos empecé a vacilarle al Javi con lo chula que era la calavera de un colgante mu macarra que tiene el julai, pa' que no se coscase del detalle. Hacía un frío de cojones. Y, digo yo ahora que pa' calentarnos debió ser, mientras íbamos andando entre los coches empezamos a pegarnos unos a otros unos empujones del copón, así, sin más. Y todos, claro, dando unos resbalones de angustia. La nieve se veía por allí to'a sucia, dura, mu guarrindonga, de color de rata muerta, y cuando, por fin, llegamos arriba del tó, salimos loj cuatro corriendo a toda hostia pa' donde estaba la de color blanco, que es la que mola. El Güili fue el que llegó antes, que pa' eso es el que más corre, y lo primero que hizo el cabrón fue agacharse, agarrar nieve, darse la vuelta y atizarme a mi, que venía detrás, un bolazo en to la jeta. Luego los otros dos zánganos se nos echaron encima al Güili y a mi, uno a cada uno, y al rato estábamos ya los cuatro, tós revueltos, revolcándonos en la nieve y llamándonos hijoputa los unos a otros como si fuésemos ejquimales. Estabámos to's más coloraos que el capullo 'un rotwailer. Pero mu contentos. En serio.

Luego pasó lo del Migue. Cuando el Javi y el Míguel se estamparon con el trineo contra un Talbot mal aparcao ¡el único Talbot que debía quedar ya en toa Eppaña! y el Migue se hizo una brecha en to la ceja. Nos descojonamos vivos los cuatro. Le pusimos al panoli mogollón de nieve en la herida -pa cortar la hemorragia, ya saben- y fuimos corriendo a un botiquín a que le dieran puntos. La enfermera estaba buena pa' reventar y...

... pero... bueno... ya me estoy cansando de hablar y hablar... y que no me haga nadie ni puto caso. Que me parezco a la del tercero izquierda. Y... entonces, eso, que lo de la curación del Míguel lo vamos a dejar mejor pa' otro día. Y así les cuento tammién de paso esa vez, que estaré ya más descansao, lo que nos sucedió después, al volver al foro, cuando nos quedamos sin gasolina sin un puto duro en los bolsillos a las doce menos veinte de la noche, ni un minuto más ni uno menos, justo a la altura del casino de Torrelodones. ¡Fue la coña marinera, de verda'....!. No se lo pierdan".

viernes, 14 de marzo de 2014

NARANJAS DE LA CHINA


La segunda, en pleno corazón.

"Va el otro día el Guille y me pregunta si me he tirao alguna vez a una china, así a bocajarro: ¿tú t'has tirao alguna vez a una china?" Y el cabrón me pilla en pelotas porque estoy harto de decirles a él y a to los demás comemierdas que conozco que me lo'he follao tó, pero tó, y no es plan de abuchararme a las primeras de cambio. Pero, coño, hay que reconocer que la pregunta de los cojones tiene su miga, porque no es lo mismo follarse a una china que una yanqui o una sueca. Me preguntan: ¿tú ta's follao alguna vez a una yanqui? Y contesto que sí, de fijo. Me preguntan: ¿tú ta's follao alguna vez a una sueca? Y también contesto que sí, de fijo, aunque no haya visto a una sueca de carne y hueso en to'a mi puta vida pero si se las'han follao el Alfredo Landa y el José Sacristán y to's esos gualtrapas de cine de barrio no voy a no habérmelas follao yo que molo un mazo más que tos ellos juntos, y por separa'o ¿o no?. Pero ¡una china!. Pues joder, no sé, porque Madriz está to lleno de chinas, las que te venden las flores y las que venden bocatas por la noche y las que te dibujan el nombre con palitos, y aparece un patito, y un cerdito, y toa esa monserga filipina. Y las de "los chinos" tammién, claro, ¡nos ha fastidia'o!. Te metes a papear a un chino y las camareras toas son chinas. Chinorris, chatis, así mu serias, mu mustias, sin na' por arriba ni na' por abajo, como si las jodías estuviesen extriñías de zampar tanto arroz. Y donde se compra la priba en el barrio del Migue tammién son chinos. Y a' la'o de la parroquia donde va a misa mi vieja hay otros. La hostia en bici, los chinos de Madriz. El foro está to lleno de chinos, vale. Pero, mira tú por donde, no tengo ningún colega que ma'haya dicho que s'aya tirao a una china. Ni uno. ¡Igual es que no se puede, qué tu tammién tienes que ser chino pa' poder hacerlo! Vete tú a saber.

Entonces voy y, después de pensármelo un güevo, como ya habréis podido deducir a poco cerebro que tengáis de to'el rollo que os llevo largao, le contesto al Migue que no, que no me he follao a una china en mi puta vida. "Pues hoy vas a estrenarte con las chinas, Robertito", me suelta el muy cabrón, así: en plan chuleras, como si él todos los días el fuese el cabrón y yo el soplapollas, como si cada vez que se le pone en la punta'l nabo el tío fuese y se zumbase a siete u ocho chorvas una detrás de otra, en batería. "Y una polla, Farruquito" le contesto, tajante, sin más, a mala hostia, porque cuando un listo se cree que va a poder tocarme los cojones, me enchirulo. "Tú eres pavo, chaval ¿o qué te pasa?". Me empiezo a cortar, aflojo, porque, me lo sé ya de otras veces, esos aires de superioridad conmigo sólo pueden significar una cosa: que el Güili hoy va forrao, que maneja, o sea. "Vale tío, lo que tú digas ¿a dónde vamos?". "Tú, no sé, a lo mejor a meterte unos phoskitos por el culo, pero yo ahora mimmo pienso ir a donde el Pipi a aplicarme unos cubas". "Vale. Voy contigo".

El Pipi está de espaldas toqueteando la pletina. Empieza a sonar a toda hostia un disco del Prodigy. "S'tas colgao" le suelto al pavo cuando se gira pa' vernos a nosotros. La clientela.

"A mi uno de DYC, hasta arriba", le pide mi colega al moñas del Pipi. "A mi uno de Balentains, como si fuera para ti" le pido yo, soltándole la fracesilla esa que digo to´el rato en los bares para quedarme con la peña. "Como no me pongas a los Deep Purple, Pipón, te quemo el chiringo" le avisa al Pipi al lao nuestro, un jevi, gordo, seboso, con pinta de ser mu buena persona. El pipi pasa millas del tema y se pone a agitar la cabeza a espasmos mú cortitos... pese a ser solo las cinco y media la tarde y hacer una calor que derrite las farolas. "Tío, para ya de una puta vez de mover el cuello" le aviso "¡que pareces una gallina!", le ilustro. El va y se rie. El maricón tiene podríos un montón de dientes.

Cuando vamos ya por el cuarto cacharro, no puedo resistir, a mi el alcohol me pone burraco, y le suelto al Guille: "¿qué coños pasa con lo de las chinas?". El gilipollas se rie y no me contesta. Sólo se rie como un gilipollas. Le digo que es gilipollas, me coge por un hombro y con el careto a dos milimetros del mío -puedo sentir la humedad de su aliento en la oreja- me suelta, el cabronazo: "te amo Robertito" y me plantifica un beso, baboso, de guarrón, en to' enmedio el carrillo. El hijoputa consigue que yo también me ría. Siempre termina lográndolo, por eso es mi amigo. Y yo, dale, más pesao que una vaca en brazos, como diría mi difunto padre: "¿qué que cojones va a pasar con lo de la china?". Venga, vamos, me dice, y me collejea, y me guiña un ojo, y, según nos estamos marchando del pub, le deja al Pipi encima 'la barra dos billetes de veinte napos hechos un buruño.

-"¿Y... las vueltas?".

-"Las que tú y yo nos vamos a dar con las pibas a partir d'ahora, pedazo mamón".

-"Cómo esto sea otro más de esos putos vaciles tuyos, te vas a enterar...!".

-"¡Qué no, chaval, sigue leyendo el blog de ARQUETIPO'S, copón!"

-"Arque... ¿qué? ¿Qué, cojones, es eso...?".

miércoles, 12 de marzo de 2014

DEGOLLANDO CISNES CON UN CUCHILLO DE UNTAR MANTEQUILLA



Ando liado con otras cosas, y voy a permitirme el desliz -hay veces en las que las segundas oportunidades son mejores que las primeras- de publicar... en tres sesiones, tres historias -conocidas ya por algunos de ustedes- acerca de Roberto Roelas, un manguis de parque, de finales de los noventa, al que le volvían locos la priba, las pibas y los coches. Lo normal, vamos ¡no le iba a gustar, a la criatura, la Virgina Woolf!. El proyecto de una serie apuntes literararios sobre el menda este, del que les hablo, ha quedado en la estacada (de momento) y he decidido que a lo mejor merecía la pena sacar estos tres prototipos, a la luz, a través de "ARQUETIPO'S". 

La primera, en la frente.

Degollando cisnes con un cuchillo de untar mantequilla.

"Conduzco deprisa. Es de noche. Verano. La ventanilla abierta. Me joden los ladridos de los perros. No me dan miedo. Si uno de esos cabrones apareciera de repente enmedio de la carretera lo atropellaría. Puta vida. Putos perros. En el parque, los mismos niñatos borrachos de todos los viernes con la música puesta a toda hostía ¿es qué esos cabrones no sabrán que ya s'han inventao' los mp3's o qué hostias les pasa?. El aire anda medio ejcacharrado y en la radio andan los gilipollas esos de siempre a vueltas -como to' las noches- con el puto Real Madrid de loj cojones. Desde que no está el butano ya no eh lo mimmo. ¡Pablo, pablito, pablete...! je, je, je.... Y eso que yo era un mocoso, me parece, pero me acuerdo de puta madre de la martingala esa de pablo, pablito, pablete... ¡cómo molaba, tronco! o, a lo mejor, de habérselo ejcuchado decir a mi viejo. No sé.

La casa de campo está toda ojcura y sin travelos: estarán todos por ahí mamándola a destajo ¡qué para eso es viernes!. Me deprime no verlos, coño. Le pego al botón para cambiar de emisora. La música clásica me mola, me pone tranqui. Menos cuando aparece a mitad de la canción un tío o una tía dando la brasa a base de gorgoritos. ¡Gorgoritos por aquí, gorgoritos por acá, cha cha cha cha...! como la Maria Jesús esa de la puta acordeón. La ponen en el pueblo todos los santos veranos de dios. La hostia. La hostia hacerse viejo y empezar a ponerse en cuclilas como un gilipollas delante de un par de viejas puestas en cuclillas con to'el culo lleno de verrugas. ¿Si eso no es la hostia, qué es la hostia, a ver... piénsenlo?. ¡Qué chunga es la vida, copón!. Otra cosa que no me mola de la música clásica es que poco a poco se ponen a tocar todos muy despacito -o muy bajito, para el caso, no creo que lo sepan ni ellos- y de repente, zas, a meter todos caña con las trompetas o los violones, o como cojones se llamen esos trompetones gigantes que tienen los gordos de las orquestas, a toda hostia. Pero a toda hostia, ¿eh?, qué tienes que bajar el volumen al mínimo si no quieres quedarte sordo. Y el que tampoco me hace puta gracia es el maromo del pito y el gorrito de soldao marica de añonuevo, me levanto con resacaza... todavía medio atragantao con la farla... a la cocina a beber agua helada y ahí está mi vieja, en el saloncito, mirando embobada al maromo del gorro, con cara de gilipollas, la pobrecilla. ¡Qué guapo es! dice en voz alta porque ma' oído pasar por el pasillo y sabe que estoy en la cocina trajinando. Y la hostia tammién, mu guapo, mu guapo... ¡¡qué se te va a quemar el pollo, maama!! voy y la'viso, porque soy un buen hijo. Y práctico.

He quedao con el Guille y el Chorros en un sitio donde aparcan los coches los fines de semana al lao' del estanque de los patos, porque esta noche vamos a montarla parda. Ma'han dicho que a lo mejor vienen la Yeni y la Sonia. Mejor. A la Yeni me la'ha tirao' ya pero no me importaría repetir. Le pica mucho a la Yeni. Sé que me tiene ganas, la cabrona, y a mi si se me busca me se encuentra. De ley. Yo me'quedao' encargao' de la priba y esos dos comemierdas ma'han dicho que van a llevar to'l pastilleo. Lo vamos a pasar buten. De fijo.

La última vez estuvo bien, lo pasamos de buten. Bueno, no estuvo tan bien. Nos pusimos hasta el culo de Brugal, como los pijos, y yo me comi un pikachu creyendo que era una verde. El ácido me subió por el culo a la coronilla a velocidad de rayo y a la pipa, los cabrones, no me dejaron ni acercarme. Empecé a soltarles que era poeta o que era Zapatero, o no sé que hostias, y los tíos estuvieron partiendose el culo conmigo toda la noche. Pero hoy va a ser distinto, un par de cubatas o tres, unos magreos a tope con la Yeni dentro del León, haciendo tiempo a que se vayan a su puta casa los coches de to'a la peña de novios que se junta a follar al lao' del estanque, y venga... pim, pam, pum esta noche no pienso dejar vivo a un puto cisne. ¿Vaaale?".

domingo, 9 de marzo de 2014

NON DIMENTICARE


Hablaba la canción de un amor verdadero vencido por el tiempo. “Me cuesta tanto olvidarte”. Y su música era perfecta para poder bañar de pena una pérdida tan trágica e irremediable.

martes, 4 de marzo de 2014

MENTIRAS DE BARATILLO (una explicación a un experimento)


Lo primero de todo, pedir perdón y dar las gracias, sucesiva y acumulativamente, a Giogio Saviane, por haber recurrido a hacer uso de uno de sus textos -en concreto de los primeros párrafos con los que se inicia su novela “El Paso Largo”- sin haberle pedido previamente permiso. En efecto, para escribir, ayer, el breve post titulado “Un Experimento” me apoderé -intelectualmente hablando... quiero decir- del comienzo de dicho relato, al que, luego de retocarlo como me pareció más conveniente (y, en este aspecto, sí que la solicitud de perdón que demando de don Giorgio se me antoja estrictamente obligada), le añadí unas últimas líneas, de mi propia cosecha, en las que se aludía a la verificación de un experimento por un chaval de doce primaveras. Este... precisamente... es el experimento. Y lo vengo a llevar a cabo una montonada de años más tarde, y ante todos ustedes, mis estimados lectores.

(el texto de Saviane)
"Hacía quince años que no veía Follonica; en otro tiempo veníamos al mar aquí, desde el Véneto. El Mistral rompía a lo lejos las mismas olas minúsculas, pero Carola ya no podía asomar improvisamente del agua: contaban las cosas cambiadas, el rascacielos en construcción que se levantaba donde antes había una explanada que continuaba la arena. Mirar el mar era un poco tenerla allí, pero yo la quería en persona, su voz. Entonces no sabíamos que vivíamos, creíamos que empezábamos a vivir, esperábamos vivir según las sanas enseñanzas familiares. Mi madre, enferma de ternura, no tenía autoridad sobre mí; a los otros los veo con rostros indifrentes mirarme sin comprometerse. Y sin embargo, han sido ellos quienes determinaron mi alejamiento de Carola".

(mi texto)
"Hacía quince años que no aparecía por Peñíscola. En aquel tiempo acudíamos al mar aquí, procedentes de una pequeña ciudad de Castilla. Un viento del sur continuaba rompiendo, a lo lejos, las mismas olas minúsculas, pero esta vez Cristina no podía hacer asomar ya, inesperadamente, su cabeza fuera del agua. 

Se imponían ahora, en mi mente, todas las cosas que habían cambiado desde entonces, cuanto más grande el cambio, más fuerte el impacto, y así acaparaba en este tiempo mi atención un bloque de pisos, en obras, que se alzaba hacia lo alto enmedio de una explanada en la que antes había tan solo un estacionamiento con el suelo compuesto de arena y guijarros. Mirar el mar era un poco como volver a tenerla a ella allí. Pero a mí me apetecía disfrutarla en persona, oír de nuevo su voz. Entonces no nos dábamos cuenta de que vivíamos, creíamos tan solo que empezábamos a vivir y que la vida, la que iba a venir a continuación, consintiría tan solo en un guión milimétricamente ajustado a las enseñanazas que, año tras año, nos habían ido proporcionando los adultos. Eramos así de ilusos.


Mi madre, jubilosamente vencida por la ternura, apenas tenía autoridad alguna sobre mí, de los otros... recuerdo, más o menos, unos rostros indiferentes que me observaban sin llegar a comprometerse. Y no, no era un chico difícil, en serio, aunque mi fama, entre los demás veraneantes del camping, no fuese precisamente irreprochable.


Una tarde cualquiera, andaría yo por los doce años, me propuse hacer un experimento...".

¿Por qué lo he hecho justo ahora?

Si las razones se buscan a conciencia, no faltan jamás. En este caso, son múltiples y variopintas. Y todas tienen ¡cómo no! a la vanidad como eje. Una vanidad terrible. Una vanidad de artista. Encima... ¡amateur!. Es broma. ¿Es broma?.

La primera de todas, la de disponer de pistas fiables para saber si escribo mucho peor o peor, o más o menos igual, que Saviane, y quien dice Saviane dice cualquier escritor reputado de mi gusto, o si, más verazmente, no se va a notar apenas una descompensación de calidad entre mis propios textos, los del diletante, y los redactados por un reconocido profesional de las letras. Ilustrándome, a tal efecto, el juicio de los lectores caso de que estos se hubiesen decidido a comentar con un entusiasmo mayor al habitual, en el blog, para dejar constancia de que "Un Experimento" atesoraba una calidad superior a la del resto de las entradas precedentes.

La segunda razón estriba en poder disponer de una coartada no demasido mezquina que me permitiese corregir y manipular un texto que ha sido objeto de publicación por una prestigiosa casa editorial. Lo que supone tanto como decirme a mi mismo, y de esa forma conseguir alentarme un poquete, que sí, que si... me pongo a ello... soy capaz de alterar sin empeorarlo en demasía -elegí el original de Saviane porque me gustaba mucho- un texto ya, de por sí, bastante bueno. Propósito, este, al que imagino ser el menos obviable de cara a la obtención de mi perdón. Como ustedes pueden suponerse también Saviane habrá de disponer de un ego bastante consistente. No es para menos, dado que su obra se halla publicada ¡hasta en el extranjero!.

El tercer motivo para el fraude... que pasé a considerar ya mientras redactaba el artículo... deriva de que gracias a esta cuestionable estratagema me iba a poder nutrir, cuando la inspiración flaquease, de abundantes argumentos para mi obra. Al punto de hallarme, en estos momentos, tentado de continuar, a través de un nuevo post, la historia del chaval del camping -al que Saviane no cita en ningún caso- que parece hallarse a punto de liarla parda por culpa de determinado invento que ha ideado. Figúrense con las de miles y miles de novelas que hay escritas, y cientos y cientos de las que me gustan, el filón que sus historias extractadas, y convenientemente manipuladas, podrían llegar a suponer para mi filibusterismo.

Y la última razón, y la más evidente de todas, la de denunciar el tema... ahora tan en voga... del plagio literario, de un plagio sobre el que, gracias a internet, uno cuenta con todas las probabilidades de poder incurrir con la impunidad más completa. Con la progresión imparable de la red, y la que constituye su sistemática, todas las literaturas posibles ¡hasta las de los blogs! pueden terminar siendo nuestras. Así es, hoy en día cualquier mindundi tiene al alcance de la mano, familiarizarse con la obra de... no sé... una guatemalteca, un salvadoreño, una mejicana, que debe haber como tropecientas mil, o un argentino, que... aunque hay menos... casi todos escriben, y, a poco que su ética flaquee un poco, modificarla con unos adjetivos acá, añadirle un par de adverbios... allá, variar los nombres de sus protagonistas, y firmarla, al cabo, como propia. ¡A ver quien resulta ser el listo, salvo que el libro llegué a tener la fama... y la difusión... de "El Código Da Vinci" o "Los Pilares de la Tierra", capaz de descubrir el fraude!.

Por cierto... que, a lo mejor, es esto lo que van buscando nuestros jóvenes talentos: la exclusividad más absoluta, conseguir eliminar cualquier atisbo de sospecha sobre los orígenes de su inspiración, abstraerse de emplear cualquier influencia que pudiere implicar sumisión a un imaginario ajeno... Y, ante tanta ambición, tanto lío, les sale, lo que les sale, a las criaturas. Para que te des cuenta.


lunes, 3 de marzo de 2014

UN EXPERIMENTO


Hacía quince años que no aparecía por Peñíscola. En aquel tiempo acudíamos al mar aquí, procedentes de una pequeña ciudad de Castilla. Un viento del sur continuaba rompiendo, a lo lejos, las mismas olas minúsculas, pero esta vez Cristina no podía hacer asomar ya, inesperadamente, su cabeza fuera del agua.

Se imponían ahora, en mi mente, todas las cosas que habían cambiado desde entonces, cuanto más grande el cambio, más fuerte el impacto, y así acaparaba en este tiempo mi atención un bloque de pisos, en obras, que se alzaba hacia lo alto enmedio de una explanada en la que antes había tan solo un estacionamiento con el suelo compuesto de arena y guijarros. Mirar el mar era un poco como volver a tenerla a ella allí. Pero a mí me apetecía disfrutarla en persona, oír de nuevo su voz. Entonces no nos dábamos cuenta de que vivíamos, creíamos tan solo que empezábamos a vivir y que la vida, la que iba a venir a continuación, consintiría tan solo en un guión milimétricamente ajustado a las enseñanazas que, año tras año, nos habían ido proporcionando los adultos. Eramos así de ilusos.

Mi madre, jubilosamente vencida por la ternura, apenas tenía autoridad alguna sobre mí, de los otros... recuerdo, más o menos, unos rostros indiferentes que me observaban sin llegar a comprometerse. Y no, no era un chico difícil, en serio, aunque mi fama, entre los demás veraneantes del camping, no fuese precisamente irreprochable.

Una tarde cualquiera, andaría yo por los doce años, me propuse hacer un experimento...


sábado, 1 de marzo de 2014

LA CHICA DE AYER


Esta vez iba a ser justo al revés. Donde hace una semana llevaba puestos unos vaqueros, llevaría puestos ahora unos pantalones de pana; donde llevaba puesta una camisa de pana, vestiría esta vez una de tela vaquera y... todo así. El pelo que lucí entonces, con flequillo, lo llevaba ahora peinado para atrás y mojado con agua. Iría esta vez con gafas porque el otro día no las llevaba puestas. Así todo, ya digo. Cambiar, sin por ello, dejar de ser el mismo.

Lo cierto, es que la otra noche todo, todo, todo, me salió del revés. La chica que me gustaba no me hizo ni caso, discutí con mis mejores amigos, y regresé a casa solo, pateando latas vacías por las calles, con muy mal cuerpo. No me esperaba nadie en casa ¡ay, ay, ay...! pero me daba mal rollo poner la radio a esas horas, porque probablemente saldría alguien hablando del tiempo o del estado de la nieve y las carreteras... o, incluso, de caza y pesca... y nada de eso es lo suficientemente bueno para poder librarte de las amenazas de una devastadora resaca de cerveza y ron blanco. Me tire a la cama a medio vestir y me quedé profundamente dormido por espacio de casi doce horas.

Había transcurrido una semana. Nada de alcohol esta vez. Nada de bromas absurdas y chistes sucios. Se lo había advertido a los otros: "no quiero pasarme dos días enteros hecho polvo como la semana pasada. En serio. Tomamos una caña, damos una vuelta y vemos lo que se cuece. Controlando todo el tiempo, sin pasarnos...".

Ella estaba sentada en el fondo del bar, con sus amigas, como la semana pasada cuando me agarré la cogorza. No sé si me vio. Le daba la espalda pero sabía, era consciente, que ella estaba allí. Necesitaba imperiosamente tomarme un whisky. Instintivamente, pasé la palma de mi mano por el cabello y noté como el peinado empezaba a desmoronarse. Me puse a hablar con los otros: de fútbol, de la música que estaba sonando, no sé... de cualquier cosa. Me parecía que hablaban muy alto. También la música me pareció que sonaba muy alta. El humo espesaba el aire, flotando en suspenso, antes de caer y derramarse por los suelos. Cuando ellos iban ya por la segunda ronda le pedí al camarero mi primera cerveza de la noche. Me la bebí casi de un trago y dudé: no sabía si dirigirme hacia donde estaba Lorena o pedir enseguida otra botella de cinco estrellas con la que continuar poniéndome a tono.

Observé mi rostro... de perfil, en el espejo de detrás de la barra y apenas fui capaz de reconocerme. Las gafas me daban un notorio aire de gilipollas. Pedí al final, la cerveza, y, también esta otra, me la bebí casi de un trago.

-"Gracias por no haberme dicho nada de las gafas. La verdad, con ellas puestas parezco medio tontaina" les agradecí a mis amigos.

-"¡Joder, después del rollo que nos has soltado, cualquiera se atreve a comentártelo; lo mismo nos arruinas la noche..." se justificó Carlos.

-"Les he advertido a estos: de momento, vamos a seguirle la corriente a Manolín, que hoy ha aparecido en plan poeta. Para eso están los amigos, Manuel, para comerse los marrones" continuó Paco "el lija" con las matizaciones, como si en lugar de ser un perfecto botarate, fuese un concienzudo lector de manuales de autoayuda.

Me vienen a la memoria, luego, unas chicas maquilladas y vestidas de negro a las que les pregunté donde llevaban metidos los murciélagos disecados. A continuación, recuerdo estar de palique en un bar cercano a Santa Ana con un borracho cincuentón, de corbata con pasador y chaqueta de punto, al que la piel de los dedos le había terminado formando callo a base de tantos y tantos cigarrillos como se le habían consumido, entre las falanges, sin que a él le diera tiempo a darse cuenta. Al paisano le faltaban, además, casi todos los dientes. También creo recordar haber entrado en un patio oscuro, lleno de rockers, donde no había apenas mujeres; y haber estado vacilando a voces con los del camión de la basura al lado de un montón de cubos vacíos. Un puro despropósito, todo".

De repente, se cuela en mi cabeza, la voz de un tipo diciendo que este año, en Castilla, no va a haber apenas conejos porque la mixomatosis ha sacudido muy fuerte. Me doy la vuelta, le pego un trago a la botella de agua que he dejado colocada en el suelo... junto a la mesilla de noche, y apago la radio. Asimilo que... donde escasea, al agua se la llame oro líquido. Me desperezo, bostezando aparatosamente, y me incorporo poco a poco del lecho.

Ahora mismo, tengo el asa de la nevera en la mano. Siento salir el frío. Procuro desentenderme de mis pensamientos. Desisto. No puedo seguir ignorándolo ya más. Mientras extraigo una rebanada del paquete de pan de molde, asumo sin ambages: "he vuelto a pifiarla otra vez". Y mi cerebro se inunda con la cara de estupor de Lorena, cuando, superando la timidez y conmovido por la emoción y la cerveza, le dije, embarullándome al hablar con las palabras, que me sentía incapaz de poder vivir sin ella a mi lado.